La formación continua en las empresas no como tópico.

Parece que la recuperación económica es un hecho, no, no estamos como antes de la recesión, pero hasta el Rey comentó en enero en un foro de inversores extranjeros que la crisis “ha pasado ya” en España, es decir, que de alguna forma es oficial.

Aunque los niveles de desempleo aún siguen siendo muy elevados, sobre todo si los comparamos con el resto de Europa, por ahora no hay sectores que sean motores rápidos de la economía hasta el punto de poder inflar burbujas, y las empresas parece que se van estabilizando.

La recuperación de las ventas y el consumo es paulatina, pero lo más importante es que la operativa empresarial no volverá a ser igual que antes. Las empresas han aprendido el valor de la diversificación de sus carteras, adaptación a entornos cambiantes (a velocidad de vértigo), y sobre todo a valorar el desarrollo del talento interno, que repercute en procesos de creatividad e innovación y son éstos los que han hecho que muchas empresas se reinventen y hayan buscado caminos para salir de una situación que ha afectado a prácticamente todos los sectores empresariales, directa e indirectamente.

Actualmente en los procesos de selección ya no se valora como único elemento los conocimientos técnicos y el expediente académico, sino que se añaden con mucha importancia las habilidades y competencias de las personas, en relación con los equipos, las tomas de decisiones y la capacidad para  evaluar situaciones y riesgos.

La experiencia profesional de las personas se traduce en las horas dedicadas al trabajo, en las situaciones diferentes a las que se enfrentan y en la  formación que han ido adquiriendo y aplicando durante su carrera profesional.

En los últimos 15 años se ha impulsado mucho la formación continua de los trabajadores, pero ha sido en el última década donde se ha visto la necesidad de realizar formación, tanto técnica como competencial, en cada uno de los empleados de las empresas. Esta labor que las personas por un lado
han asimilado, la prueba ha sido el incremento de matriculaciones en programas Máster, y que, por otro lado las grandes empresas venían ya aplicando para desarrollar programas formativos de alto rendimiento, es trasladable a las pymes, donde la formación generalmente ha estado menos impulsada desde la Dirección, siendo más una iniciativa particular del empleado.

Las pymes representan la mayor parte del tejido empresarial español, y van asimilando la importancia de la formación como elemento estratégico importante para hacer frente a situaciones en las que se requiera que los trabajadores puedan aportar soluciones, entender la necesidad del cambio y afianzar el compromiso con los objetivos de la organización.

La formación continua no es un tópico, es una realidad que se traduce en inversión con rentabilidad para las organizaciones, independientemente de su tamaño.

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